La importancia de una alimentación saludable para proteger al cerebro

Numerosos estudios han comprobado la importancia de una alimentación saludable para proteger al cerebro. Cualquier carencia de nutrientes puede afectar significativamente en el funcionamiento cognitivo. Por ejemplo, se ha demostrado que una alimentación balanceada, que aporte grasas buenas, proteínas, vitaminas y minerales, puede ser de gran ayuda para preservar la memoria, mejorar el rendimiento intelectual, incluso disminuir la probabilidad de sufrir Alzhéimer.

En cuanto a los trastornos de la conducta alimentaria, investigaciones recientes de la Escuela Icahn de Medicina de Mount Sinai (Nueva York), han estudiado que tanto el aumento como la pérdida de peso es consecuencia de un mecanismo en cadena de los distintos núcleos del cerebro.

El hipotálamo, área cerebral que controla el apetito, y la distribución de masa corporal, se ve afectado por una molécula que activa a cierto grupo de receptores que pueden desencadenar en la sensación de hambre o saciedad.

Además, en el cerebro existen neurotransmisores, esas sustancias químicas que se producen en el interior de las neuronas, que actúan como “mensajeros” y “mediadores”, para transmitir información entre sí. Hay miles de neurotransmisores para cada sustancia, o para comunicar cada función.

En el caso de los trastornos de la conducta alimentaria (TCAs), como la anorexia, la bulimia nerviosa y la obesidad, algunas de esas moléculas neurotransmisoras como la serotonina (relacionada también con el estado de ánimo, la ansiedad y las obsesiones) y la dopamina (involucrada en la motivación, la búsqueda de recompensa y la actividad motora) se encuentran especialmente alteradas.

Se ha estudiado que, en mujeres con anorexia o bulimia, las conexiones hacia el hipotálamo son más débiles y la información iba en la dirección contraria, lo que bloqueaba al hipotálamo y las señales que inducían la ingesta de alimentos. En el cerebro humano se interpretan e integran las emociones. Muchas de las neuronas que se encuentran en él, están involucradas en los procesos emotivos.

El cerebro tiene áreas específicas para comenzar, entender, elaborar, memorizar y atender a cada emoción. Las emociones tienen un rol fundamental en la vida de las personas: con ellas identificamos señales de alarma para actuar rápidamente ante un estímulo, aumentan la capacidad de memoria, modifican el estado de alerta y generan conductas para incentivar la atención y la comprensión social de nuestro estado anímico.

Emociones como el enojo, llanto, la sensación de asco o la risa, son respuestas que se inician en el sistema límbico, se procesan en determinadas estructuras neuronales claves para la memoria y el aprendizaje (en los ganglios basales, el hipocampo y el cerebelo) para posteriormente ser interpretadas, y proyectadas a regiones neuronales relacionadas con la parte ejecutiva superior del cerebro (la corteza prefrontal, parietal y temporal).

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