
Ecuador necesitaba sólo una cosa para seguir con vida en el Mundial 2026. Sólo una. La más difícil, la improbable, la imposible: vencer a Alemania. Y lo logró.
Contra todo pronóstico, porque Alemania en su historia jamás había perdido con un equipo sudamericano en la fase de Grupos, Ecuador llegó por la hazaña. La de un juego perfecto que la dejara entre los mejores terceros tras perder contra Costa de Marfil y empatar con Curazao.
Y eso fue lo que hizo. Un juego perfecto en Nueva Jersey para mantener el sueño que por un instante parecía esfumarse, cuando apenas a los 2 minutos del encuentro Leroy Sané metió un gol para Alemania, silenciando un MetLife Stadium pintado de amarillo al estar repleto de ecuatorianos.

Otros podrían haberse derrumbado. Después de todo, así pasa siempre con Alemania. Dicen que pase le que pase, siempre gana Alemania.
Pero no este día. Hoy tenía enfrente a Ecuador, una Tricolor con hambre y talento. Una selección que hizo una eliminatoria ejemplar y que no estaba dispuesta a echar por la borda ese esfuerzo y la ilusión de todo un país.
Eso es lo que tenía en mente Nilson Angulo cuando apenas 7 minutos después del descalabro igualó el marcador para recuperar la esperanza y la respiración. Para dar un golpe en la mesa y decir que en esa cancha se hablaban entre iguales y que iban a dejar el alma.

Y así fue. Alemania comprendió rápido que estaba ante un rival de cuidado y se vio entonces en la inusual posición de ponerse a la defensiva. Una y otra vez Enner Valencia, Gonzalo Plata, Moisés Caicedo y compañía hicieron a todos levantarse de sus asientos. Una y otra vez el gol se negaba y los minutos pasaban.
El empate no servía. La victoria era vital. Y Gonzalo Plata le dio una transfusión completa a una nación entera cuando al minuto 77 clavo el gol que ponía arriba a Ecuador. El gol imposible, el improbable.
El gol que se oyó hasta y desde Quito. El gol que dio inicio a una cuenta regresiva de 13 minutos más 7 de agregado que resultarían los más largos de sus vidas para los ecuatorianos. Más aún cuando Alemania demostró que no se iba a conformar con ser líder del Grupo, aun perdiendo. Quería el liderato absoluto. Quería respeto y lo exigió también mostrándolo a su rival. Obligando a la selección dirigida por Sebastián Beccacece a luchar hasta el último minuto.

Pero no pudo vencer esa muralla alrededor de la portería de Hernán Galíndez. No puede decir que Alemania no lo intentó. Pero tuvo que reconocer que en esta ocasión luchó contra alguien que cambiaría la historia. Ecuador lo había logrado. Los venció con todas las de la ley. Sin suerte. Con tenacidad pura. Con una fuerza que hoy tiene a sus próximos rivales sintiendo dudas. Porque si Ecuador juega como hoy, será un rival difícil de vencer. Será necesaria una hazaña, una parecida a la que hoy firmaron y los tiene en una euforia colectiva.
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