En la previa del balotaje en las elecciones presidenciales entre Lula y Flávio Bolsonaro, el clima político está caldeado en Brasil. El fútbol, reflejo de la sociedad adentro de una cancha, no está exento de esa lógica. La presencia de Marcos Rojo en la clasificación de Estudiantes a la final de la Copa Libertadores desató un reclamo anunciado del eliminado Flamengo. Y Leila Pereira, presidenta de Palmeiras —rival del Pincha en la definición del 28 de noviembre en Montevideo y del Mengão por el Brasileirão—, no se quedó callada.
“Qué feo, ¿no? Es ridículo. Lo que me interesa es que Palmeiras esté en otra final y lo hayamos conseguido en el campo. Y eso es lo que siempre tiene que pasar”, inició su descargo la máxima mandataria del Verdão, vinculada al club paulista desde 2015 como empresaria e inversora y desde 2021 como presidenta. Y amplió: “Es ridículo intentar usar subterfugios para alcanzar el éxito sin ningún motivo”.

En su argumento, Pereira rememoró el 2025, en el que Palmeiras fue subcampeón continental. El propio Flamengo fue su verdugo en la búsqueda de la Gloria Eterna. “El año pasado, por ejemplo, estuvimos en Lima. Pasó lo que pasó, ¿y qué hicimos? Llevamos las sandalias de la humildad, trabajamos todo el año y volvemos a una final de Libertadores, compitiendo también en la Copa de Brasil y en el Brasileirão. Y no lo olviden: campeón del Paulistão”, reivindicó, en un mensaje cargado de resiliencia.
Para cerrar, la oriunda de Río de Janeiro cuestionó la falta de dignidad del Rubro-Negro: “Eso es lo que le falta a este club, que intenta mover los hilos: ponerse las sandalias de la humildad y reconocer. Palmeiras está en la final. Estudiantes está en la final. Y será un hermoso espectáculo en Montevideo”.
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