
El vínculo de Ousmane Dembélé con el Paris Saint-Germain está vigente hasta 2028, pero en el club empieza a reinar la incertidumbre por la falta de avances en una renovación que parecía encaminada. En los últimos meses, las conversaciones se frenaron por diferencias económicas, y la situación abrió la puerta a posibles ofertas desde el exterior.
El ex-Barcelona se consolidó como una figura clave en el esquema de Luis Enrique, no solo por su desequilibrio en el uno contra uno, sino también por la forma en que se integró al funcionamiento colectivo. Desde la dirigencia parisina había intención de mejorarle el contrato, pero las pretensiones del entorno del jugador exceden lo que el club está dispuesto a ofrecer.
Según reportes de medios europeos, la parte del futbolista ganador del Balón De Oro y del premio The Best reclama una suba salarial considerable, que hasta ahora no fue contemplada por la dirigencia. El PSG atraviesa una etapa de ajuste en su política económica, y romper el nuevo esquema interno podría generar desequilibrios dentro del vestuario.

En medio del estancamiento, surgió un factor inesperado: el interés del fútbol saudí. Aunque todavía no hay una propuesta formal, desde Arabia Saudita trabajan en silencio en una operación de gran escala. La idea sería presentar una oferta por más de 100 millones de euros y un salario que colocaría a Dembélé entre los mejores pagos de la liga.
Para el club francés, igualar esas condiciones significaría asumir un costo elevado, tanto a nivel financiero como institucional, ya que podría provocar reclamos de otras figuras del plantel. Por otro lado, dejarlo ir supondría perder a una de las piezas más valiosas del proyecto actual. En este contexto, su renovación dejó de ser una simple cuestión contractual. Hoy representa un desafío estratégico que puede impactar directamente en la planificación deportiva de los próximos años.
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