El Maradona Napolitano: ¿Entre la Gloria y el Infierno?

El Maradona Napolitano: ¿Entre la Gloria y el Infierno?

En 1984, Diego llegó al Napoli de Italia, donde cosecharía los primeros títulos de la historia de la Institución, para convertirse en un semi Dios y la cara del Sur ante el resto de un país, en una época muy virulenta. Esta insignia como representante sureño le constaría muy caro años más tarde, con un Mundial de por medio y el deseo de “venganza” de toda una tribuna sin distinción de camisitas y casi todo un país.

Nadie puede dudar que desde el primer momento Diego Armando Maradona fue recibido como un héroe en Napoles, una tierra sufrida que ansiaba tener tiempos de gloria. Alcanza con repasar las imágenes de aquél 5 de julio de 1984 en que el Diez pisó por primera vez el césped del Estadio San Paolo, como se llamaba por aquel entonces el Estadio de la Sociedad Sportiva Napoli. Es que tanto la reputación del mayor de los hijos varones de la famila Maradona como los casi 8 millones de dólares que se debió abonar por la ficha del jugador ya generaban expectativa. El Napoli soñana con buenas campañas, Copas Internacionales y, tal vez, algún “Scudetto” con el astro argentino. Y el fútbol italiano, por aquellos días, el mejor de todos, le abría sus puertas a uno de las mayores exponentes del fútbol como para poner la frutilla al postre.

El comienzo de Diego y su Napoli fue poco auspicioso: debut y caída ante el Verona por 3-1 el 16 de septiembre, justamente ante uno de los equipos del Norte del país, con quienes los sureños mantienen aún hoy una acerrima rivalidad, que traspasa lo futbolístico. Pero luego, poco a poco, comenzaron a hacer pie dentro del verde césped. Y Maradona a pagar con goles todo aquél dinero invertido y la devoción de los “Tifosi” napolitanos. De ahí en más, todo fue evolucionando con goles y sonrisas, partidos para el recuerdo y una figura que se agigantaba a cada paso. Diego pasó de ser esa incertidumbre que había dejado Barcelona en el 84 plagado de conflictos a esta figura fulgurante como en los mejores momentos de Argentinos y Boca. Maradona era sinónimo de Goles y Victorias… Ya era un Rey, incluso antes de conseguir el título.

En el medio llegó el Mundial de México para terminar de poner en el altar del fútbol a aquel pibe del barrial de Villa Fiorito. Aquella consagración Mundial le siguió lo que todos soñaban en Napoles: El Scudetto. La temporada 86/87 fue la señalada para desatar la revolución futbolera del Sur de Italia. Maradona fue el estandarte y la máxima figura del Napoli en su primera coronación. Diego era amo y señor de la canchas, en los medios y por donde transitara. No había rincón del planeta donde los goles de Napoli y Maradona no se vieran con fascinación. Diego tenía el mundo a sus pies y así se lo hacían notar. La maquinaría mediática procesaba toda la información y hablaba las 24 horas de este super héroe futbolero al cual exprimían al máximo. Incluso con su perfil contestario, Diego contaba con la admiración de los medios, de la dirigencia futbolera -que muy a regañadientes tenia que aceptar sus desplantes y mostrar una sonrisa- y por sobre todo los fanáticos genuinos, de los que contaba con un amor que nunca terminaría. Maradona lo fue todo en Napoli: entre el 84 y 90 Diego ganó dos scudettos, una Copa Italia y una Copa de la EUFA. Esos títulos más la pelea casi hasta al final de cada certamen, más el pico que generó el Mundial 86 hacían del 10 una figura indiscutible y además un gran negocio mediático. La Liga italiana se veía en todos los rincones del planeta para ver a Diego hacer sus maravillas. Audiencias con el Papa, con los máximos exponentes de la política. Diego era una marca registrada y la maquinaría lo aprovechaba. Se acercaba el Mundial de 1990 y Maradona era la cara, justamente en la tierra en la que jugaba fin de semana tras fin de semana. Era el hombre elegido, tal vez por eso, la misma maquinaría miraba hacia otro lado cuando los rumores sobre la vida personal del astro comenzaban a circular con tanta frecuencia. Diego les servía para vender el Mundial – como luego les sucedió en el 94, una vez más.

El perfil altanero de Diego, tras los títulos de Napoli, con sus constantes cortes de Manga al poder -un poder que aún lo festejaba, esperando agazapado- , las constantes declaraciones dejando en evidencia un costado racista de la mayoría de Italia para con la gente del Sur, más algunos hechos de su vida privada comenzaron a desgastar la relación con el publico no napolitano. Y el citado Mundial 90 terminaría por ser una bomba de tiempo para la vida de Diego.

Diego Armando Maradona llegó al Mundial arrastrando lesiones y su tobillo le jugó una mala pasada pero poco a poco la Selección Argentina pudo, con sudor y lágrimas, sobreponerse a los obstáculos. Quedará en el recuerdo imborrable del ambiente del fútbol aquel partido con Brasil, que comenzó como una pesadilla para terminar siendo de ensueño: gol de Caniggia sobrepasando a Taffarel, arquero de la “verdeamarela” para que el país sea un puño apretado. Argentina, tras una confusa primera ronda y luego de levantarse de una penosa primera mitad frente ante los Cariocas, seguía en camino en el Mundial 90. Diego, todo roto de igual manera demostró seguir siendo la bandera y genialidad de la albiceleste pero en el horizonte quedaría un partido, previo Cuartos de Final con Yugoslavia -se ganó por penales con la enorme figura de un joven Sergio Goycochea- con Italia, el partido que comenzaría a cambiar la historia del astro.

Los días previos al encuentro decisivo, válido por una de las dos semifinales del Mundial de 1990, el clima se encontraba enrarecido. El ambiente en la Concentración de Trigoria -lugar elegido por Bilardo- era espeso, no por la relación del Plantel sino por lo que desde el Mundo exterior al búnker se le hacía sentir a la comitiva de Argentina. El grito de Italia era claro: tenían que pasar por arriba a la Selección que tenia como figura al 10, a aquel del que venían leyendo y aguantando todo tipo de epopeyas con la casaca Celeste del Napoli. La situación era inmejorable para los “Tanos”: llegar a la Final del Mundial, eliminar a Argentina -actual campeón por su título en México- y darle una cachetada a ese número Diez que tantos disgustos había causado desde su llegada en el 84, empoderando a la marginalidad del Sur napolitano.

Algunas versiones hablan de aprietes previo al partido, amenazas varias, malos tratos, pintadas xenófobas e intimidantes. Todo eso generó un caldo de cultivo y fortaleció la mentalidad del Diez de Argentina, que siempre ante las adversidades de distintas situaciones, sacó chapa y mostró su liderazgo. Quiso el destino y alguna distracción del Comité organizador que ese partido Clave se juegue ni más ni menos que en el Estadio San Paolo de Napoli. Sí, ni más ni menos que la Ciudad que veneraba a Diego y que lo había tomado como Santo Patrono, al lado de San Gennaro. Por pura devoción a su 10 y fidelidad, la ciudad se había dividido en dos: entre los que adoraban a Maradona y lo querían ver en la final; y los que pese a todo querían que su Selección, que para la crítica contaba con el mejor plantel del Mundo, se encaminara hacia el título mundial. La ecuación era difícil o Diego o la Selección de Italia.

Deigo sabía del amor de su gente en Napoli y sabía que el resto de italia estaba en contra de Argetnina. Por eso mismo, la parada sería bravísima. Era el mundo contra él y los suyos. Pero una vez más, el diez deplegó lo suyo, tan hábil detalante de los micrófonos como dentro del campo: Le recordó a los Napolitanos el desprecio del que siempre fue victimas. “he vivido seis años de mi vida en Napoli y la gente me conoce bien y animará por mi equipo. No puedo pedirle nada a los Napolitanos pero si me quieren ver contento, me gustaría que alentaran a mi Selección… Cuando Napoli necesitó a Maradona, Marandona siempre estuvo ahí” argumentó Diego, en busca del apoyo de los tifosi locales que lo amaban..

NAPLES, ITALY – OCTOBER 19: Diego Maradona of Napoli in action during the Serie A match between Napoli and Atalanta at the Stadio San Paolo on October 19, 1986 in Naples, Italy. (Photo by Etsuo Hara/Getty Images)

“Napoli no es Italia” tituló un importante diario Italiano en boca del astro argentino, generando una polémica gigantesca. el mismo día del partido. esa tarde noche calurosa los ojos del mundo estuvieron posados en el San Paolo. Era Maradona contra Italia y contra al poder concentrado del fútbol. Y Diego se sobrepuso, una vez más. Ante todos los pronósticos, tras un partido en el que se igualó 1-1 (goles de schillaci y Caniggia), en la tanda de penales Goycochea volvió a ser figura, transformándose en héroe nacional. Y Diego convirtió un tanto en la definición, ante el murmullo de parte del estadio. Argentina ganó. Pasó a la final de aquel mundial que en un principio parecía tan lejano, Diego llegó a una nueva final como capitán vistiendo la camiseta de la selección.

Aquellos días de Mundial comenzaron a marcar en Diego el final de la aventura Italiana. Tras seis años, muchos títulos, cientos de goles magníficos, varias polémicas personales y peleas con la dirigencia, la victoria argentina y la verborragia de Maradona para con cierto sector del país anfitrión, marcaron el declive. El dolor fue muy grande y la venganza del poder no tardaría en llegar. Algunos meses después, todo aquello por lo que se hacía la vista hacia un lado, comenzó a estar en el centro de la escena sin ningún tipo de protección,

El resto de la historia es conocido: Argentina fue subcampeon, pasó muy mal esos últimos días en Italia. Y Diego comenzó a ser victima de una persecución por parte de muchos que antes festejaron sus logros. Aquellos desarreglos en la vida personal y su adicción de la que ya muchos sabían terminaron siendo la oportunidad perfecta para que el Poder se cobrara. Una Causa, un dopping positivo, una suspensión y la salida de Italia. “Fue duro. Cuando llegué a Napoli me recibieron 85 mil personas, cuando me fuí me dajaron sólo” Supo decir Maradona.

Seis años, una llegada repleta de sueños y esperanzas, mucho fútbol, goles y también mucha polémica. Comienzo, auge y caída del imperio de un Astro en el fútbol italiano. Lo que si nadie podrá olvidar es aquél mágico Napoli de Maradona.

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