Escribe Ariel Senosiain
Un torneo largo siempre premia al mejor. Central llegó a la última recta con un nivel superior y otros equipos tuvieron rachas interesantes durante el certamen. Pero ninguno mereció el título tanto como Boca, de sostenido paso a lo largo del año. En ese punto, en la regularidad, estuvo la clave.
Fue un campeón de vaivenes en el rendimiento pero impecable en los números. Lleva el 74% de efectividad, lo que en un torneo de 19 fechas hubiese equivalido a 42 puntos, cifra a la que no llegaron los seis campeones anteriores (el último en llegar, el Boca de Falcioni con 43).
Tuvo partidos que generaron dudas: las derrotas, claro, e incluso algunas victorias, como la exigua frente a Crucero del Norte. Dejó varias veces la sensación de ser un conjunto librado a acciones individuales. Sin embargo, supo levantarse enseguida después de cada caída; un partido perdido en Boca hace más ruido que en cualquier otro, y este equipo no dejó que el sonido se expandiera.
Si salía campeón, como fue, iba a ser lo que es, el Boca de Tevez. Si no hubiese sido campeón, habría sido el Boca de Arruabarrena. Mérito para el técnico entonces, que corrigió en el segundo semestre no haber tenido un equipo estable en el primero y varió su esquema, teniendo en cuenta que había llegado el crack desde Europa.
El crack, Tevez obviamente, vino a cumplir un sueño. Y mientras, cumplió los del resto.
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