Boca perdió y desnudó sus falencias ofensivas.
La falta de gol es un síntoma de este Boca de Arruabarrena, que mejoró defensivamente y en lo anímico, pero sigue sin encontrar respuestas en la creación de juego y en el ataque. Este síntoma hace notoria la ausencia de un delantero (Osvaldo lesionado, Calleri vendido) y se traduce en cifras: Boca convirtió en lo que va del año entre oficiales y amistosos apenas siete goles (cuatro a Newells, uno en San Juan y dos a Racing en el verano).
Demasiado poco para un equipo que pretende ser protagonista tanto en el campeonato como en Libertadores. Ayer quedó en evidencia que este Boca no trata mal la pelota, que tiene mucha posesión, pero le cuesta mucho pisar el área y generar situaciones. Encima, las pocas que tiene no las convierte y eso lo paga. Se sabe que no se ganan partidos por porcentaje de posesión o merecimientos: para ganar hay que hacer goles y evitar que te los conviertan. Y a Boca le cuesta horrores convertir.
En la intimidad el CT reconoce que faltó traer otro delantero. Cuando se fue Calleri el Vasco y los suyos pidieron otro, pero los dirigentes ya no tenían plata. Ahora hay que buscar una solución y no culpables. Mientras, el Vasco sigue en la mira de cara a dos partidos decisivos para el futuro: el jueves contra Racing en la Bombonera y sin público por Copa Libertadores; el domingo, nada menos que el Superclásico con River en el Monumental.
Por Martín Costa
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