La opinión de Ariel Senosiain
Obviamente cada técnico de la selección asume con el mismo desafío: cortar la sequía de títulos. Pero hasta julio del 2018, mes de la final del Mundial, hay otras metas por cumplir.
La primera justamente es entender que hay vida después de las frustraciones. Para los jugadores fue un golpe fuerte una nueva final perdida. Y no sería ilógico un bajón de motivación en la sensación de arrancar de nuevo. Conseguir resultados positivos de arranque sería la mejor fórmula.
El segundo objetivo es justamente la manera de llegar a esos resultados: el juego. No habrá cambios profundos. Sí debe haber un equipo que no pierda su fortaleza ofensiva más allá de que pueda tomar recaudos en defensa.
Otra búsqueda debe apuntar a las funciones de los jugadores. Al plantel le falta, por ejemplo, un lateral izquierdo que pelee con Rojo (hoy jugará Emanuel Más); probablemente, también un creativo. El ciclo Martino dejó una segunda línea (Gaitán, Kranevitter, Augusto Fernández) que hay que agrandar.
La selección nacional, a diferencia de España y Alemania, no tiene un estilo definido. Tenerlo significa darle al equipo más seguridad. Conseguirlo merece tiempo y sería injusto no tener en cuenta que el ciclo del entrenador recién comienza. Aunque hay una ayuda: los jugadores se conocen, la base se mantiene inalterable desde hace años.
Lo último es lo esencial: Argentina debe ser, de una vez por todas, un equipo que juegue alrededor de Messi, en vez de que espere su genialidad. En general fue así, pero en los partidos importantes el 10 no tuvo compañeros cerca.
Remotivarse, equilibrio pero con énfasis en el ataque, nuevos jugadores a considerar, estilo reconocible y no depender de la figura. De eso se tratará en la espera hasta el Mundial.
#VamosArgentina