Independiente sufrió un traspié ante Nacional de Potosí en su debut por la Copa Sudamericana y cayó 2 a 0 con goles de Víctor Ábrego y Diego Diellos. Pero esta derrota no sólo puede traer consecuencias en la tabla de posiciones del grupo A, donde los de Avellaneda deberán quedar primeros si quieren evitar los playoffs ante un rival de Copa Libertadores, sino que puede afectar el aspecto físico de los jugadores, que hicieron un gran esfuerzo y regresaron con las manos vacías.
Los 2.276 kilómetros que separan a Buenos Aires de Sucre no parecen muchos teniendo en cuenta las distancias que se recorren en Sudamérica. Sin embargo, la travesía que hay que hacer para arribar al Estadio Víctor Agustín Ugarte es digna de una película.
Dada la complejidad del recorrido, los futbolistas tuvieron que hacer los últimos 150 kilómetros del trayecto hasta Villa Imperial De Potosí divididos en grupos y en distintas camionetas 4×4. Una vez en la cancha, tuvieron la compleja tarea de jugar a 4090 metros de altura y bajo una intensa lluvia que cayó sobre el final del primer tiempo y toda la segunda etapa.
Más allá de que minimizaron los esfuerzos, los jugadores sintieron el desgaste con el correr de los minutos. El Rojo cuajó una buena primera hora de partido, pero sintió las consecuencias de jugar en un contexto tan complicado y el local lo aprovechó.
Los signos de incomodidad fueron notorios en los dirigidos por Julio Vaccari. Santiago Hidalgo, por ejemplo, fue reemplazado a la media hora por Pablo Galdames con notorios signos de agotamiento y ahogo; mientras que otros tantos tuvieron que recurrir a los tubos de oxígeno para solventar sus dificultades para respirar. Además, Santiago Valdez terminó con molestias físicas y es duda para el encuentro del próximo domingo ante Lanús.
Gabriel Ávalos, uno de los más afectados por el contexto, explicó las dificultades que tuvo el equipo para adaptarse a jugar en estas condiciones: “Si bien hemos hecho un esfuerzo extremo, costó muchísimo. Se sabe lo que es jugar acá y el equipo dio todo lo que pudo. En la cancha, hacías un pique y era difícil recuperarlo rápido. El equipo lo sintió, terminamos bastante desgastados. Es un clima bastante complicado con lo que es la altura, justo llovió, el frío… Se sumaron varias cosas“.
Tras un muy buen comienzo de año que lo dejó como líder de la Zona B con 24 puntos, ahora arranca una de las fases más desgastantes de la temporada. Las competencias se superponen, por lo que la exigencia física y mental será mayor y el técnico deberá administrar las cargas a la perfección para que sus dirigidos den el máximo en cada partido.
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